Hoy he pensado que, en vez de escribir cualquier paranoia rara mia,algo sin sentido que se me ocurra o bien una gilipollez,valdria mas aprovechar este espacio para dejar algo de Fernando Jiménez de Oso(!!).
Un día de estos fundaré una secta. Será distinta, porque no pienso ofrecer paraísos ni hacer la colada con el karma; es más, no ofreceré absolutamente nada. La cuota mensual será sustanciosa, para que con una docena de adeptos pueda yo vivir holgadamente y satisfacer todos mis caprichos. A cambio, tendrán derecho a venerarme. Ya les veo venir hasta mí, reverenciosos y anhelantes: "Dinos algo, maestro". Ya les veo irse, rumiando para sus adentros qué oscuro arcano se encierra en mi silencio, porque, como es lógico, no me tomaré el trabajo de responderles.
Será una secta restringida, en la que, además de costoso, resulte muy difícil entrar. Sé que eso estimulará sus ansias y habrá bofetadas para apuntarse, pero me mantendré inflexible.
Como lo de las dietas absurdas y la recitación de consignas parece motivar a los vocacionalmente memos, les impondré un régimen a base de alcachofas y chanquetes, exigiendo que tres mil doscientas veces al día, estén donde estén, repitan a voz en grito "¡yo soy, aquí estoy, pero lo mismo me voy!", frase que, en su aparente simpleza, encierra un profundo contenido trascendente. Al escucharles, unos dirán "por mí, como si te operas", pero otros, en cambio, captarán la hondura del mensaje y cambiará su vida.
Identificarse con ellos y tener reuniones secretas es fundamental, así que me ocuparé del tema: nada de hacer malabarismos con las manos como los masones, mis adeptos llevarás F.J.O. tatuado en la nalga izquierda y se reconocerán entre sí con el campechano gesto de enseñarse el culo unos a otros. Los domingos, a las doce de la noche, deberán congregarse en un lugar fijado y, tras entonar la frase autoafirmativa "los elegidos somos pocos y los demás están locos", se sumirán en profunda meditación durante seis horas para abrir sus mentes a la llegada de mis mensajes telepáticos. Como a esa hora estaré durmiendo a pierna suelta, les va a llegar lo que yo me sé, pero así podrán imaginarse lo que más les convenga, y cuando al día siguiente, que encima es lunes, lleguen hechos cisco al trabajo, reflexionarán sobre la iniciática sesión preguntándose cosas como "¿las ganas de orinar que tenía eran sólo eso? ¿no sería un mensaje para que elimine de mí lo impuro?" 0 "cuando se me durmieron las piernas ¿no me estaría enviando el maestro una señal para que camine recto por la vida?"
Me voy a forrar